Actualizarse y morir
Ese día mi amigo murió, víctima del consumismo.
Recientemente, mientras conversaba con un amigo, me contó sobre su nuevo teléfono móvil: un iPhone de última generación, potente y muy chulo. Curioso, le pregunté si su antiguo teléfono, que aún funcionaba bien, se había estropeado. Su respuesta me dejó perplejo: lo había cambiado simplemente porque era viejo y este era nuevo, más rápido y de los últimos que habían sacado.
Aluciné con su respuesta. Había desechado un móvil que aún funcionaba bastante bien, por uno nuevo que no le hacía falta. Mi amigo había generado, innecesaria y únicamente por moda, un nuevo residuo para el medioambiente. Por ello, y aún sabiendo que no le iba a gustar, no pude evitar darle mi opinión al respecto. Alguien tenía que decirle que su hábito, actitud, comportamiento y residuo contaminaban su hogar y el mío.
Desconozco si mi amigo es consciente de lo mucho que contaminan los dispositivos electrónicos. Pero lo que sí sé es que ese día mi amigo murió al actualizarse.
Lamentablemente, este hecho no es algo aislado, no es un comportamiento o actitud exclusiva de mi amigo, sino que se trata de algo muy extendido y que sucede a diario en la sociedad enferma en la que vivimos. Una sociedad de consumo irresponsable y desenfrenado, sostenida por la novedad constante, la inmediatez y la pereza. Reemplazamos productos que aún funcionan perfectamente por otros nuevos que no necesitamos. Contratamos servicios solo por impaciencia y comodidad, aunque con ello fomentemos actividades inhumanas e insostenibles.
Recuerdo en este punto a una amiga que, por pereza e inmediatez, recurre a servicios explotadores de entrega de comida rápida a domicilio, en lugar de cocinar ella. Y lo mismo pasa con aquellas personas que, por no salir de casa, compran productos por internet teniéndolos disponibles a la vuelta de la esquina.
Sufrimos de una adicción por lo inmediato y una profunda pereza e insatisfacción que nos está condenando junto al planeta.
Es alarmante que, a pesar de los efectos devastadores del cambio climático y el calentamiento global, muchos sigan actuando de la misma manera o peor, bajo el argumento de que "todo está perdido". Una excusa barata utilizada por una humanidad cobarde, vaga y egoísta a la que no le importan ni sus hijos ni el resto de seres vivos de este bello mundo.
Evidentemente llegamos tarde, pero aún podemos evitar un escenario peor.
Reivindiquemos y actuemos por un planeta para todos y en el que se pueda vivir hoy y mañana. Reutilicemos y reciclemos todo lo posible, reflexionemos antes de desechar y cuestionemos nuestras necesidades y comportamientos de consumo. ¿Qué podemos hacer nosotros y nuestros gobernantes? ¿Puede tener una segunda vida o ser reciclado? ¿Necesitamos realmente aquello que queremos comprar? ¿Podemos hacerlo nosotros mismos? ¿Existe alguna alternativa mejor?
Si el mundo es nuestro, nuestra es la responsabilidad de cuidarlo.



